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sábado, 11 de junio de 2011

Me Quito el Sombrero


Sé que dejé de escribir, pero bueno, he vuelto.
Necesitaba vacío, lo tuve, ahora, soy otra. Vuelvo con nuevas energías. Aunque en esta vez no voy a ser yo la que escriba el post, lo dejo en manos de un maestro de la poesía.
Se preguntaréis ahora su nombre, se trata de Ángel González. He querido incluirlo puesto que su poesía es deliciosa, se podrían devorar páginas y páginas de sus antologías y aún así ``quedarnos con hambre´´, además de tratarse de una de las típicas figuras literarias que como no figuran en nuestros libros de texto creemos que no existen, al igual que las noticias que dejan de emitirse.
Nació en Oviedo, el 6 de septiembre de 1925. Su infancia se vio fuertemente marcada por la muerte de su padre, fallecido cuando Ángel González apenas tenía dieciocho meses de edad. La descomposición del seno familiar continuó durante la Guerra Civil Española, cuando su hermano Manolo fue asesinado por el bando franquista . Posteriormente su hermano Pedro se exilió por sus actividades republicanas y su hermana Maruja no pudo ejercer como maestra por el mismo motivo. Enferma de tuberculosis, por lo que inicia un lento proceso de recuperación en Páramo del Sil donde se aficiona a leer poesía y empieza a escribirla él mismo. Tres años más tarde se halla ya por fin recuperado, aunque siempre arrastrará una insuficiencia respiratoria que al cabo le produciría la muerte.
Consiguió muchas metas a lo largo de su vida,
Ángel González pasó a ser adscrito al grupo de poetas conocido como Generación de medio siglo. Es galardonado en Colliure con el Premio Antonio Machado por su libro Grado elemental.
Le conceden el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y en el Premio Internacional Salerno de Poesía. Fue elegido miembro de la RAE en el sillón "P" . El mismo año, además, obtuvo el Premio Reina Sofía. Obtiene el Premio Julián Besteiro de las Artes y las Letras. En se convierte en el primer ganador del Premio de Poesía Ciudad de Granada-Federico García Lorca.
Su obra es una mezcla de intimismo y poesía social, con un particular y característico toque irónico, y trata asuntos cotidianos con un lenguaje coloquial y urbano, nada neopopularista ni localista. El paso del tiempo y la temática amorosa y cívica son las tres obsesiones que se repiten a lo largo y ancho de sus poemas, de regusto melancólico pero optimistas. Su lenguaje es siempre puro, accesible y transparente; se destila en él un fondo ético de digna y humana fraternidad, que oscila entre la solidaridad y la libertad.
Como curiosidad, en 2009 Joaquín Sabina le dedica la canción "Menos dos alas" incluida en su disco Vinagre y Rosas.
Os dejo con unos cuantos de sus poemas, espero que los disfrutéis tanto como yo. Es capaz de expresar todo aquello que alguna vez hemos sentido con una increíble sencillez y capacidad de reacción en los lectores que estremece.


Epílogo

Me arrepiento de tanta inútil queja,
                                                                       de tanta
tentación improcedente.
Son las reglas del juego inapelables
y justifican toda, cualquier pérdida.
Ahora
sólo lo inesperado o lo imposible
podría hacerme ll0rar:

una resurrección, ninguna muerte.
Esperanza

Esperanza,
araña negra del atardecer.
Tu paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas
en torno a mí,
tejiendo, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra
pesada
y leve a un tiempo.
Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible...
Mi corazón:
tu nido.
Muerde en él, esperanza.
La vida en juego
Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.

Nada es lo mismo
                                                                 La lágrima fue dicha...
Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.

¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?

No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:

Nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.

Elegía pura
Aquí no pasa nada,
salvo el tiempo:
irrepetible
música que resuena,
ya extinguida,
en un corazón hueco, abandonado,
que alguien toma un momento,
escucha
y tira.



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