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martes, 12 de abril de 2011

Trenes

Me despierto, estoy una vez más en esta estación. Mi ropa denota que llevo más de unas semanas aquí, sentada, en este mismo lugar, sigo rodeada de mis pertenencias, el tiempo se ha parado. En realidad soy yo quien se ha quedado atrapada en el tiempo, el ritmo de la vida es un atleta muy bien entrenado que no tiene descanso.
Así pues como ya decía, me despierto, veo gente, gente corriendo con billetes en las manos,billetes de tren. Qué decididos andan, qué bien preparados...algunos me miran, yo aparto la mirada. Al ver los billetes en sus manos, mis ojos corren presurosos a ver las mías, buscan una respuesta. Entonces veo un billete...está casi despintado, no se perciben bien sus grafías, está en las mismas condiciones que mi ropa...Intento recordar...

De pronto un maquinista, dice que me suba, no quiero, estoy anclada a este suelo, no sé por qué pero lo estoy,busco respuestas pero en realidad no tengo ni las preguntas. ¿Qué hago aquí?
 De pronto mientras observo como el maquinista se lleva su máquina a través de las escaleras del suelo, eso que algunos llaman raíles, me viene a la mente una imagen similar, he visto algo así antes.
Ya recuerdo, lo recuerdo, sé por qué estoy aquí, al fin. Compré este billete hace mucho tiempo, me ilusioné con él, pero mi tren pasó de largo, me dejó con el recuerdo de su imagen marchándose en la puesta de sol, con el recuerdo de ese humo negro difuminándose y dividiendo el cielo en dos.
Ahora sé por qué estoy aquí, porque no tengo dinero para otro billete, sólo recibí migajas, porque me ilusioné en ese destino y veo que ya es un imposible y porque ya no confío en ningún otro tren. Sin embargo permaneceré aquí, aquí hasta que el frío del invierno tome lo que es suyo y yo la paz que necesito.